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AUTÉNTICA GRATITUD
Leonardo Sepúlveda
Ana Frank tenía palabras de agradecimiento aún
cuando estuvo recluida en un escondite durante dos años debido a la
persecución de los nazis que ocupaban Ámsterdam. Vivía junto con sus
padres, su hermana y otras cuatro personas. Debido a sus condiciones durante
el día no podían hacer ruido, ni abrir las cortinas y de noche no podían
encender la luz, pues si eran descubiertos serían enviados a un campo de
concentración.
En esas condiciones, Ana, de tan solo quince
años, escribía en su diario palabras de gratitud para dos mujeres, Miep y
Elizabeth y dos hombres, Víctor y Johannes, quienes los ayudaban a
ocultarse en el anexo de una ferretería y les llevaban comida. También
agradecía a la vida por lo poco que podía ver de la naturaleza a través
de unas rendijas: el cielo y un árbol que ganaba su follaje en primavera y
lo perdía en el otoño.
"Yo no creo en todo el sufrimiento, sino en
la gloria que permanece, en los campos, la naturaleza y el sol. Ve afuera y
busca la alegría en tu interior y en Dios. Piensa en la belleza que se
manifiesta una y otra vez dentro y fuera de ti y sé feliz", escribió
en su diario. A pesar de las condiciones precarias en las que vivían, ella
terminaba sus oraciones cada noche diciendo: "Te agradezco, Dios, por
todo lo que es bueno, valioso y hermoso".
El escondite fue descubierto por la GESTAPO y
los ocho prófugos fueron enviados al campo de concentración de Bergen
Belsen. El Diario fue encontrado y guardado por las holandesas Miep y
Elizabeth. Ana murió de tifo. De los ocho detenidos sólo sobrevivió el
padre, Otto Frank, quien publicó el Diario de Ana Frank en 1947.
La joven escritora tuvo un triste final, pero su
Diario es una de las obras de literatura más celebradas del siglo XX
y es un ejemplo de optimismo y gratitud. El libro, junto con la guarida que
habitó en Ámsterdam, constituyen símbolos a favor de la tolerancia y la
paz.
La gratitud es la conducta que nos lleva a
apreciar el beneficio que hemos recibido y a corresponder de algún modo.
Agradecer no implica la obligación de devolver la dádiva con otra
equivalente, sino en manifestar la alegría que nos causó el favor y
recordar siempre la generosidad recibida, por si surge la oportunidad de
tener una actitud recíproca en vida del benefactor. Grandes obras de la
humanidad son muestras de reconocimiento, como es el caso de múltiples
obras de arte y monumentos en todo el mundo.
Pero no sólo los actos heroicos como el de los
cuatro holandeses que ayudaron a los Frank son dignos de gratitud. Cualquier
esfuerzo que alguien haga con el objetivo de mejorar nuestro día merece un
gesto de aprobación, como decir gracias o desear buenos días con una
sonrisa, en particular a quienes realizan labores poco remuneradas. La
gratitud sólo es creíble cuando se ejerce sin esperar más beneficios,
aunque con frecuencia éstos sí se reciben.
La gratitud conlleva una
actitud de cooperación con las personas que nos rodean y quien la ejerce se
vuelve digno de confianza. Un ser agradecido, y por lo tanto confiable,
propicia un espíritu de colaboración. Sirve para fundar amistades
duraderas con las cuales tejer redes de solidaridad. Agradecer lo que
recibimos de la vida y de los demás aporta alegría aún en condiciones
difíciles, y contribuye a construir un mundo mejor.
bojorge@mexicounido.org.mx
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