Hundimiento, enemigo del patrimonio histórico
Con una
alberca del tamaño del Zócalo capitalino y tan alta como
las torres de la Catedral, compara el arquitecto Sergio
Zaldívar la cantidad de agua que se extrae cada día del
suelo de la ciudad de México.
Esa
extracción de agua del subsuelo causa hundimientos por
todo el DF: Xochimilco, Iztapalapa, el Centro Histórico
—los antiguos lagos— o sitios específicos en que se
observa el fenómeno como el Ángel de la Independencia,
la fuente de Cibeles, el Monumento a la Revolución o el
Archivo General de Nación.
Como muchos
de estos hundimientos no son uniformes generan
inclinaciones, grietas y desniveles en algunos
edificios. Y son los antiguos edificios del Centro los
que con mayor claridad testimonian ese hundimiento
diferencial: Catedral y Palacio Nacional (a los que se
dio seguimiento y donde se trabajó de manera preventiva)
son los más conocidos; pero también registran deterioro
(y requieren monitoreo) los templos de Loreto, San
Fernando, San Agustín, La Santísima, La Soledad, Santa
Catalina y Santa Teresa. El caso es más complejo porque
las iglesias tienen estructuras más susceptibles de
sufrirlo.
“Hoy hay un
hundimiento general de la ciudad, si se diera parejo no
habría tanto problema, lo malo es que hay diferentes
velocidades en ese hundimiento, según las cargas y
consolidaciones previas; no necesariamente es que haya
pirámides, simplemente son puntos diferentemente
consolidados”, explica Zaldívar, quien encabezó la
Dirección de Monumentos y Sitios Históricos y el
programa de recuperación de la Catedral.
“En el
Centro Histórico tenemos un hundimiento regional
considerable, ahora es como de 10 centímetros al año.
Esto implica que en 10 años se sumirá un metro, y que en
100 años será aproximadamente de 10 metros. Calculamos
que en el siglo XX se hundió como 8.40 metros.”
Fuente:
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/56681.html